Pongan agua a hervir, mucha, mucha (1940), F.S. Fitzgerald

Sí, el que está detrás es Kirk Douglas en el film «Cautivos del mal»(The Bad and the Beautiful, 1940) en una recreación mía personal

«Pongan agua a hervir, mucha, mucha»

( ¡ Hiervan agua, mucha agua ! )

( Boil Some Water – Lots of It )

relato aparecido en la revista Esquire  (marzo 1940)

Francis Scott Fitzgerald

(Cuentos 2 – pp. 719 a 728)

Escrito durante su 2a estancia en Hollywood dentro de la serie: » Las Historias de Pat Hobby «

Pat Hobby es un escritor de poca monta, ausente de toda ilusión por su carrera y perdido en los engranajes infinitos de guionistas de Hollywood.

Después de toda una jornada de trabajo ha logrado destilar una frase: —Pongan agua a hervir, mucha, mucha. (o ¡ Hiervan agua, mucha agua ! )

Es una buena frase, pero que no está ligada a ninguna situación, ni circunstancia. Ahí, huérfana de más contenido. Sabe que es poco, pero de momento no se le ocurre nada más. Sería cuestión de estirarla, de ubicarla apropiadamente. De camino al comedor del estudio se le ocurre hablar con la nueva, guapa y joven enfermera. Tiene una excusa perfecta para abordarla. ¿Qué haría un médico con una frase semejante? La invita a comer y mientras lo hacen, él le va explicando la ciencia no escrita de quién se sienta dónde en el comedor y de que hay lugares reservados a los jefazos.

Un extra disfrazado para una película de época se ha sentado en un lugar inconveniente. Varias personas le avisan de que ese no es su lugar. El extra se aferra a su espacio e increpa a los que quieren que se levante. La cosa va a mayores y le acaban dando un tortazo mal dado. Resulta que era una broma y el extra es un mandamás haciéndose el gracioso. Ante la deplorable escena del extra ficticio herido en el suelo, alguien grita oportunamente —Pongan agua a hervir, mucha, mucha.

Nota:
Yo no empezaría a leer a Scott por sus Historias de Pat Hobby. Están consideradas como material escrito solo para obtener dinero (¿no lo hizo siempre?), sino porque tienen un trasfondo muy amargo de fracaso, desilución y poca esperanza (¿no lo tienen todas?).

El curioso caso de Benjamin Button, film 2008

«El curioso caso de Benjamin Button»

(The Curious Case of Benjamin Button)

Dir. David Fincher

USA, 2008

Desde luego es una historia original, tratada de forma muy bella, con una buena fotografía. La localización en New Orleans (después del desastre) es un detalle.

Los interpretes están bien todos en general y la película transpira un aire de profunda tristeza que hizo que ya desde el principio, con la subhistoria añadida del relojero y la primera guerrra mundial, yo empezara a llorar y no dejara de hacerlo durante toda la cinta. No me había pasado nunca.

(escrito en fecha de su estreno 19-5-2009)

Sin embargo, si la comparamos con el relato de Scott Fitzgerald con completamente diferentes.

Al contrario del tono general de sus escritos, el relato de Benjamin Button (1922) no es una historia romántica, ni nostálgica, ni emotiva. Es un relato fantástico-realista bastante parecido a «La metamorfosis» de Kafka.

Por lo menos, el estreno de la película provocó el renovado lanzamiento editorial de este cuento, junto con otros.

edición de Lumen en 2008 (tapa dura) -varios relatos entre los que se incluye el de B. Button-

La década perdida (1939), F.S. Fitzgerald

«La década perdida»

(The Lost Decade)

relato aparecido en la revista Esquire  (dic. 1939)

Francis Scott Fitzgerald

(Cuentos 2 – pp. 711 a 716)

 

Este es un relato brevísimo de seis páginas publicado exactamente un año antes de la muerte del autor.

Estamos en la ajetreada redacción de un semanario. Orrison Brown es uno de los redactores-jefe encargado de las tareas menos agradecidas como atender a toda clase de visitantes.

Louis Trimble, un hombre elegante, pero desmejorado, de unos cuarenta años (Scott, siempre Scott) está de visita y a Orrison le suena, pero no sabe quien es. Le encargan que se ocupe de él, que lo lleve a dar una vuelta y a comer, porque hace mucho tiempo que ha estado ausente: algo más de una década.

Ya en la calle entablan un poco de conversación intrascendente. Orrison piensa que haberse perdido los diez últimos años (los de la Depresión) puede haber sido incluso afortunado. Hablan de arquitectura: el Empire se empezó a levantar en 1928, de restaurantes que estaban de moda y a los que pueden ir. Un escaparate de camisería con sus corbatas llama la atención de Trimble (las camisas siempre han fascinado a Scott/Gatsby). Orrison intenta detectar las señales de Trimble para complacerlo, pero resulta muy disperso en sus recuerdos y en lo que queda de ellos. Hasta que le señala un gran edificio —Sí, lo proyecté yo. Y le muestra la placa de bronce en la base «Construido en 1928». —Empecé a emborracharme ese año. Orrison le ofrece que entren —He entrado muchas veces, muchas. Pero no lo he visto. Le contesta Trimble.

Ahora solo quiere mirar, pasear un rato, ver cómo camina la gente. —No se preocupe, estaré en la redacción a las cuatro. Orrison cae en la cuenta que su acompañante se ha pasado los últimos diez años borracho y necesita tocar algo sólido. Aprieta su pulgar contra el granito del edificio.