París era una fiesta: Hemingway vs Fitzgerald

No hay ninguna foto (¿?) de Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway juntos, siempre son montajes fotográficos (hay muchas fotos que parecen no existir, tampoco la hay de ellos de Gertrude Stein, por ejemplo)


«París era una fiesta» (A Moveable Feast, 1964) Ernest Hemingway (1899-1962) Bib. Breve Seix Barral, 1971, 208 pp.

Por lo que se refiere a Scott, Hemingway le dedica los cap. 17, 18 y 19, pp. 141 a la 190. Una extensión considerable que intentaré resumir en esta entrada. Está escrito de forma muy amena, tipo novela, con bastantes diálogos, por lo que de hecho ves las escenas.

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Cuenta cómo se conocieron en el bar Dingo (1925). Hem está con unos amigotes y Scott con un tipo que es un jugador de béisbol.  Scott se presenta por su cuenta. A Hem, que ya sabía quien era Scott, le cayó mejor el jugador y Scott le pareció un hombre que parecía un chico joven con encantos femeninos propenso a dar discursos (alabanzas sobre la propia obra de Hem) más que a mantener conversaciones. Describe su vestimenta como demasiado formal y remilgada. Concluye que sus piernas son cortas y su cara hinchada. (Mientras, Hem y el jugador han hecho muy buena amistad a base de no decirse nada).

De buen principio Hemingway se sitúa en una posición de seguridad y de condescendencia hacia Scott, al que ve débil físicamente y complicado mentalmente. En cambio, Scott enseguida lo trata como a un amigo, en realidad, como un compatriota del que se siente cercano (Scott=Minnesota/Hemingway=Illinois : dos chicos del Medio Oeste) pero a Hem le molesta. (Desde que lo ha conocido, le molesta todo). Confirmando la debilidad de Scott a éste le sienta mal la bebida y han de llevarlo (el amigo jugador) al hotel.

Se encuentran días más tarde en un café. Tienen una conversación impertinente. Son como dos corrientes de pensamiento que no confluyen. A Hem le sigue cayendo terriblemente antipático, aunque le reconoce el mérito de escritor. Cuenta que habla sin amargura de las pocas ventas de «El gran Gatsby» y esa tarde: la tarde y la bebida resultan agradables. Scott le pide que lo acompañe a Lyon donde tuvieron que dejar el coche (Scott y Zelda) por exceso de lluvia. Como es primavera a Hem le parece una excursión agradable. Salen en tren, Hem hace cuentas de lo provechoso que puede ser hablar con un escritor de más edad (3 años mayor) y éxito. Aunque el éxito de Scott basado en los relatos, más que en las novelas lo empequeñece a sus ojos.

El día del viaje Scott no se presenta en la estación y de momento Hem hace el trayecto solo a Lyon. Al principio muy enfadado (porque esperaba que Scott lo pagara todo). Se aloja en un hotel y se entera que Scott ha viajado a Lyon, pero no sabe dónde está. A la mañana siguiente Scott lo espera en recepción y sus explicaciones no parecen tener sentido. Hem que estaba muy enfadado, ya se ha calmado. Se trata de ir a buscar el coche al mecánico y volver a París, pero todo es complicado, desde un desayuno eterno a pedir comida para llevar (todo culpa de Scott). Hem teme que ya esté bebido a esa hora. Cuando tienen el coche delante resulta ser un minúsculo Renault sin capota, porque a Zelda no le gustan. Se ponen en marcha y por supuesto, llueve. Deben parar a menudo. Comen estupendamente y beben demasiado. Scott se pone aprensivo respecto a su salud y le expone teorías inverosímiles de «gamas de» enfermedades entre las que distingue a las europeas, de las americanas.

Llueve más y Scott se siente enfermo «de congestión pulmonar europea», paran y se alojan en un hotel. Scott le pide que cuide a su mujer y su hija si muere. Hem alucina. Le explica que no está enfermo, que no tiene fiebre (el padre de Hem era médico). Mientras Scott está en la cama en trance de morir le va pidiendo cosas, como un termómetro, aspirinas, whisky… todo bastante complicado de obtener. Según Hem, Scott es un neurótico que además odia a los franceses, a los italianos, a los británicos y no sabe si a alguien más porque no han salido en la conversación.

Sorprendentemente los dos siguen bebiendo y Scott no parece enloquecer. Le cuenta la aventura de su mujer con un aviador francés y a Hem le molesta que se la cuente de varias maneras, como si ensayara un relato.

«Scott sabía hablar y contar un relato. Hablando no tenía problemas de ortografía, ni de puntuación, y no daba la impresión de analfabetismo de daban sus cartas tal como él las escribía. Fuimos amigos durante dos años antes de que aprendiera a ortografiar mi nombre…» (p.168)

Luego cenan y mientras tanto, Scott habla por conferencia con su mujer. Vuelve a la mesa y se desmaya autenticamente (han estado todo el día bebiendo sin parar), lo llevan a la cama y lo acuestan. Al día siguiente logran llegar a París sin más contratiempos. Hem se reencuentra con su mujer como su hubiera pasado una guerra y con la sensación de volver a la realidad. Todo ha sido una pesadilla.

Pero después de un día o dos, Scott se presenta en su casa con una copia de «El Gran Gatsby» para dársela:

«Tenía una sobrecubierta chillona*, y recuerdo que me avergonzaron la vulgaridad, el mal gusto y el bajo reclamo de aquella presentación. Parecía la sobrecubierta para un mal libro de science-fiction…»

(*las que hacía la editorial Scribner’s y que fueron las que le hicieron, de alguna manera, a Hemingway también, aunque a él le parecieran sustancialmente distintas).

Hem concluye, después de leer el libro que es muy bueno y que por lo tanto, Scott merece su amistad. Pero todavía no conoce a Zelda.

Scott invita a Hem a comer con su familia en su piso de París. El piso le parece impersonal y horroroso. Que le muestre la contabilidad de sus cuentos le asquea. Zelda tenía resaca y está enfadada con Scott porque ella ha bebido y él no. Zelda no está en su mejor momento, lleva una mala permanente y está como ausente. De la hija dice:

«La niña era rubia, gordinflona, bien formada y rebosante de salud, y hablaba inglés con acento plebeyo de Londres. Scott explicó que le habían puesto a la niña un ama inglesa porque él quería que cuando fuera mayor hablara como Lady Diana Manners» (p.176)

Una niña que en ese momento era igual a la que se convertiría en la niña de América Shirley Temple pocos años después. Hem sin darse cuenta hace la maniobra psicológica de trasladar su antipatía de Scott a Zelda y a cualquiera de su entorno, para perdonarse ser amigo de Scott. Muestra una Zelda como una arpía celosa del trabajo de Scott al que parece llevar de borrachera en borrachera para que no trabaje. Su relación es muy tóxica, pero Scott parece muy enamorado y celoso. Su vida era bastante peligrosa porque se emborrachaban con cualquier pequeña cantidad de alcohol y se desmayaban y alguien debía llevarlos a casa.

Vuelven a ver intermitentemente a los Fitzgerald y Hem concluye que Zelda está loca. Lo ve claro el día que le pregunta: —Dime, Ernest, ¿tú no piensas que Al Jolson* es más grande que Jesús?

(*actor de la primera película hablada «El cantor de Jazz»)

Terminan todas estas confidencias con la repetida anécdota de cuando Scott le pregunta a Hem si su miembro es normal, porque Zelda le ha dicho que es demasiado pequeño. Hem lo comprueba y le asegura que no tiene de que preocuparse y que si quiere pueden ir al Louvre que está delante a comprobarlo con las estatuas.

Ha pasado mucho, mucho tiempo (principios años sesenta) y Ernest está a punto de escribir este libro. De nuevo en París, el camarero del Ritz le pregunta a Ernest sobre un tipo que venía con él ¿cuál era el nombre? sí, uno que era muy famoso, pero que ya nadie recuerda: Scott Fitzgerald.

No cabe duda de que la historia es divertida, pero llena de maldad y ausente de todo tipo de compasión por una persona que lo promocionó y lo ayudó al presentarle a su editor y su editorial, aspecto que Hem no menciona. Scott le fue leal en la medida de sus fuerzas físicas y mentales, mientras que Ernest solo guarda veneno y rencor frente a alguien que ya no es un competidor. ¿O sí?

(es evidente que la descripción física de Scott por Hemingway es injusta e incorrecta. Ver foto de abajo: los tres lucen encantadores y glamurosos, con una cierta indiferencia hacia sí mismos=el colmo del glamour)


Según el biógrafo de Scott y de Hemingway, Scott Donaldson, todas estas historias que explica Ernest están exageradas y manipuladas a favor de sí mismo. ___ver___
___1999 – Hemingway vs. Fitzgerald. The Rise ans Fall of a Literary Friendship, (The Overlook Press, peter Mayer Publishers Inc., Woodstock, NY ⇔ trad. al castellano «Hemingway contra Fitzgerald – Auge y caída de una amistad literaria», Ed. Siglo veintiuno 2002

París era una fiesta (1964), Ernest Hemingway

«París era una fiesta»

(A Moveable Feast, 1964)

Ernest Hemingway (1899-1962)

Bib. Breve Seix Barral, 1971, 208 pp.

 

Éste es un libro que he leído varias veces y siempre me sorprende encontrar cosas nuevas.

No soy una fan incondicional de Hemingway y al paso que voy no lo seré en absoluto. No me gusta su pasión por la caza, su afición por la bebida y su fanfarronería (todo ello está en sus libros de forma intensa). Su convicción de que la vida está fuera de nosotros: en la acción. Además siempre se ha dicho que está muy mal traducido en español y por lo que leí en el cuento del gato (Cat in the rain), aún sigue mal traducido.

«París era una fiesta» lo leí supongo de cuando tengo el libro, 1971 y me gustó más o menos, me quedó la idea de que era un jactancioso, petulante y perdonavidas. Siempre temo volver a leer un libro del que tengo un buen recuerdo y darme cuenta que ya no está aquello que encontré. Afortunadamente, éste no es el caso. Me he quedado francamente sorprendida al descubrir varias capas de lectura en las que ni siquiera pude pensar en la primera ocasión.

Un jovencísimo Hem en su foto de pasaporte de 1923

Quizás entonces me fijé sobre todo en lo que contaba Hemingway, que por otro lado al ser autobiográfico es muy interesante. Ahora me he dado cuenta que, todo lo que cuenta de los demás, no es más que un reflejo de lo que era él mismo y lo más importante, lo que quería ser. En cada capítulo se delata, en su condescendencia hacia Fitzgerald, al que deja como un trapo. O en su incapacidad para administrar amistades como con Gertrude Stein. También encontramos su preocupación por el estilo, por encontrar su propia voz. Bastante ironía y algo de humor negro. Su remordimiento por abandonar a una esposa que quería. Su masculinidad que parece algo que deba ejercitarse y practicarse, no como algo natural. Cuando se ve a sí mismo como hombre, se le cae la baba.

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Me sorprendió cuando en unos atentados en París se reivindicó a este libro como muestra de un París idílico, porque como hacía Hemingway y todos los demás estadounidenses veían a un París sin franceses, lo cual es singular. Solo se trataban entre ellos. Además el título en español y en francés falsifica el original en que que no se nombra a la capital francesa

«Ya sabrás que la felicidad es una fiesta movible« (moveable feast) *
(* pág. 61«Al otro lado del río y entre los árboles«-Across the River and into the Trees, 1950)
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Hay que fijarse en la fecha de publicación 1964. Una fecha muy lejana a los hechos narrados. Scott Fitzgerald ha muerto en 1940. Gertrude Stein en 1946 y su autobiografía de 1933 no retrata con especial compasión a Hemingway (por lo que él también se venga).
Aunque a lo largo de este blog trataré seguramente con más extensión el tema HEMINGWAY VS FITZGERALD conviene tener en cuenta que cuando los dos autores se encontraron por primera vez en París en 1925 Hemingway era un desconocido escritor que trabajaba para un oscuro periódico canadiense y Fitzgerald había triunfado plenamente. En esas circunstancias Scott lo apoyó por completo y lo recomendó de forma entusiasta a su editor Max Perkins que acabaría publicándolo. Después se invertirían las tornas y Hem estaba arriba y Scott abajo. Después de tantos años y con un Nobel bajo el brazo desde 1954 Hem podría recordar con más cariño esa relación, cuando siempre, siempre, Scott solo tuvo buenas palabras para él.
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Autobiografía de Alice B. Toklas (1933) Gertrude Stein

«Autobiografía de Alice B. Toklas«
(Autobiography of Alice B. Toklas, 1933)
Gertrude Stein
Ed. Lumen 2014, 306 págs.
 
Se trata del libro más conocido y popular de la singular escritora y mecenas de las artes Gertrude Stein (1874-1946).
Para quien no conozca a la autora y su vida, esta obra puede resultar confusa y engañosa, ya que no se trata de la autobiografía de la Srta. Toklas, sino la de la propia autora, escrita como si la viera otra persona. Como si la vida de Alice hubiera sido la contemplación de la vida de Gertrude.
Gertrude Stein y Alice B. Toklas, amigas, amantes, judías y lesbianas. Una pareja terriblemente peculiar, que desde que se conocieron vivieron juntas hasta su muerte.

El estilo de escritura de Stein es muy particular: moderno e inclasificable. Como ideas sueltas y paradógicas.  Con mezcla de lo más sublime y lo más pedestre en el mismo nivel, lo que produce una sensación cómica. Una desmitificación de cualquier trascendencia. Si bien en este libro hay una intención de ser asequible al público.

Gertrude llega a París en 1903 con su hermano, son de familia acomodada y pueden vivir de renta en un lugar que es más barato que los Estados Unidos. Están muy interesados por la pintura.

Alice conoce a Gertrude en París, cuando está instalada con su hermano y los Stein se dedican a comprar cuadros de pintores modernos, pero muy cuestionados y con poco valor, porque les gusta su pintura y se sienten fascinados. Todo ello les permite conocer e intimar con casi todos los pintores de la época, los marchantes y después los escritores y «tout le monde» interesante del momento.
Gertrude se describe a sí misma como un genio (que el tipo de escritura indirecta le permite), alguien excepcional. A nosotros no nos cuesta aceptarlo.
Después hay un repaso exhaustivo de nombres, de grandes nombres que nos son presentados en zapatillas y resulta enormemente atractivo. Es como un cúmulo de chafarderías muy divertido.

No es raro que el libro fuera un éxito, ya que nos permite atisbar un época irrepetible y conocer a un montón de personalidades desde una óptica original.
Sin embargo, no hay que perder de vista que bajo esa apariencia de inocencia sorprendida hay bastante maledicencia y falta de objetividad: si yo les gusto, me gustan y si no, no. Hacia el final parece que vayamos montados en un tiovivo sin frenos y se nos presentan a las personas de forma atropellada y sin sentido. El retrato de Hemingway es pura maldad innecesaria y todo el conjunto acaba dejando una mala sensación de chismorrería oportunista.


GERTRUDE STEIN Y SCOTT FITZGERALD

La relación de Gertrude y Scott no podía ser la misma que la que tuvo con Hemingway, porque cuando Fitzgerald la conoció ya había triunfado y no necesitaba los consejos de la mecenas. En cambio Hemingway estaba empezando, sin ningún triunfo a la vista y dejó que ella lo encarrilara, pero al mismo tiempo lo condicionara para bien y para mal.

Dice Gertrude (a través de la voz de Alice):
«Gertrude Stein y Fitzgerald mantienen una relación muy curiosa. «A este lado del paraíso» impresionó sobremanera a Gertrude Stein. Lo leyó cuando se publicó y cuando todavía no conocía a ninguno de los jóvenes escritores norteamericanos. Decía que era el libro que verdaderamente creó a la nueva generación a los ojos del público. Nada ha cambiado de opinión a este respecto. Cree que eso es también aplicable a «El gran Gatsby«. Cree que Fitzgerald será leído cuando muchos de sus compañeros más famosos hayan caído en el olvido. Fitzgerald siempre dice que cree que Gertrude Stein dice todo eso con el único propósito de fastidiarle haciéndole creer que lo dice en serio, y añade, de esa manera suya tan característica: es un acto de crueldad inaudita.Sin embargo se lo pasan muy bien siempre que se ven. Y la última vez que se vieron lo pasaron muy bien juntos y con Hemingway.»
página 266-267