Absolución (1924), F.S. Fitzgerald

«Absolución«

(Absolution)

relato aparecido en la revista The American Mercury  (junio 1924)

Francis Scott Fitzgerald

(Cuentos 1 – pp. 543 a 568)

 

Rudolph Miller es un adolescente de once años a quien le urge confesarse. Su padre, el transportista lleva insistiendo varios días. El domingo tiene que comulgar y sin confesión no es posible. Rudolph para quien la religión católica y religión de cualquier clase es más un asunto familiar que personal, se ve presionado más allá de lo que es capaz de soportar. El padre convive en la contradicción de ser estricto en su fe y violento en su carácter sin ninguna complicación.

En ese tira y afloja, Rudolph se va adentrando sin notarlo en el descreimiento de la religión y de la familia: primero se confiesa a medias y después en un último intento de recuperación, encuentra a su párroco Adolphus Schwartz en un estado de aturdimiento mental que le resulta amenazador e incompresible.

El párroco, por su parte, es víctima de las calurosas primeras horas de la tarde en algún valle del Medio Oeste lleno de trigo y del trasiego callejero que oye desde su ventana de hermosas chicas ostensiblemente de ascendencia sueca, de las calles de luces brillantes y los simples olores de tiendas perfumadas con jabón de tocador barato… de todo tipo de impresiones que no sabe administrar y que lo trastornan, por lo que no se encuentra en las condiciones necesarias para ayudar a su feligrés.

Se trata de un relato de contenido engañosamente anticuado y de apariencia simple. La religión es lo de menos. El contexto ambiental particular y general está muy bien descrito con pocas palabras. Nos habla de cómo el yo individual del niño y el del párroco se imponen a la tradición. Cada uno de ellos lo administrará como sea, pero esa voz interior, nueva con los tiempos, será muy difícil de acallar.

Annabel Fitzgerald Sprague (1901-1987)

Confieso que sentía bastante curiosidad por la única hermana viva que tenía Francis Scott Fitzgerald, ya que nunca se la menciona.

Annabel nació después de Scott el 21 julio de 1901. Se llevaban unos cinco años. Crecieron en una familia donde ya habían muerto tres hermanas antes que ellos.

su esposo Clifton A. Sprague (1896-1955) oficial de la marina

los padres:
Edward Fitzgerald 1853 – 1931
Mary (Molly) McQuillan 1859-1936

Annabel se casó con:  WWII Vice Admiral, Clifton Albert Frederick «Ziggy» Sprague
fecha del enlace:  el 12 Apr 1925

No me consta que Annabel fuera a la boda de Scott, ni Scott a la de ella.

tuvieron una hija (sobrina de Scott Fitzgerald = Courtney Sprague Vaugham (1926-2008)

Annabel falleció el 22 julio 1987 (edad 86)
está enterrada en San Diego, California, USA

Courtney Sprague Vaugham (1926-2008) la sobrina de Scott se casó con un doctor oftalmólogo de prestigio llamado Daniel G. Vaughan jr. (1921-2000) tuvieron ocho hijos.


Toda esta parte de la familia vivía en California. Por lo que cuando Scott se trasladó a vivir a Hollywood tenía posibilidad de verles.

Por alguna razón Scott no tenía relación con su hermana. Bruccoli, su biografo, apunta que la diferencia de cinco años creó una gran distancia entre ellos. También fueron escolarizados en lugares muy distintos. Pero, no me parece motivo suficiente.

Entre todo el material de su hermano Scott (del que yo tengo) «solo» he encontrado una carta. Con motivo de la muerte de la madre, Scott le escribe una carta de la que ya hablaré en una entrada aparte porque el interés es sobre la madre.

El último magnate, film 1976

«El último magnate»

(The Last Tycoon)

Elia Kazan

USA 1976

 

Hacía tiempo que no veía una película con tantos talentos dentro y que fuera tan mala. No me lo explico. Fue la última cinta del gran director Elia Kazan (67 años), así que igual estaba muy enfermo, pero no, murió en el 2003.

Basada en la novela de F. Scott Fitzgerald y con guion de Harold Pinter. La historia está inspirada en el productor del Hollywood clásico Irving Thalberg hacia los años 30.

En el filme vemos un estudio de cine dirigido por un carismático productor, Monroe Stahr (Robert De Niro) perfeccionista y demasiado hermético, cuyas andanzas son contempladas con suspicacia por los dueños del estudio (Robert Mitchum, Ray Milland) que se resignan ante el rotundo ojo clínico para el éxito del productor. Mientras, vemos por un lado cómo Monroe pone orden en las escenas de una película que están rodando con Tony Curtis y Jean Moreau, reflejando ese mundo de Hollywood ya perdido, pero por otro lado, vemos cómo la propia película de Kazan se desmorona en una colección de escenas indignas del gran director.

Se supone que la película que ruedan dentro de la película con Tony Curtis y Jeanne Moreau es una especie de Casablanca, pero en realidad es como un engendro horroroso en el que los dos actores están espantosos y lo hacen peor que si hicieran una parodia.

Monroe se mueve entre dos féminas, Theressa Russell y Ingrid Boulting, entre las cuales es difícil definir cual lo hace más mal y qué pintan esas dos relaciones absolutamente indigestas en la historia. Monroe se enamora de Kathleen (Ingrid) como el que se enamora de un cuadro y quiere tenerlo. Ella es la cosa más mona y sosa que pueda imaginarse, y la relación que tienen lo más enervante que pueda soportarse.

Hacia el final aparece Jack Nicholson como un representante sindical, en unas escenas mal planteadas y peor resueltas. Cabe decir que Robert De Niro es el que sale mejor parado de todo este desastre, en el que parece que los actores no saben ni donde están, ni para que los han contratado. Lamentable punto y final para la carrera de Elia Kazan.